Nada más que la conciencia existe. Lo que ves es tu propio reflejo.
Es solo a través de la ignorancia de tu verdadera naturaleza que el universo parece existir.
Aquél que entiende con convicción que el universo es nada salvo una ilusión,
se libera de él.



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04 marzo, 2011

Ver sin mirar; consecuencias

Un anciano que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no le frenó en manifestar sus fuertes opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: “El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre esta vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto”.

El anciano siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: “Querido, estás mirando un espejo”.


Nada mas que la conciencia existe.
Lo que ves es tu propio reflejo.

Es solo a través de la ignorancia de tu verdadera naturaleza que el universo parece existir.
Aquél que entiende con convicción que el universo es nada salvo una ilusión, se libera de él.
-Ramesh Balsekar.-

04 diciembre, 2010

Me enseñaste a correr con el viento en contra y a olvidar el punto de partida, gracias

Yo te quise (demasiado), y tú en cambio preferiste apilar corazones rotos en cajetillas de tabaco vacías. ¿Te perdí? ¿Me perdiste? ¿Me perdí? ¿Te perdiste? Nos perdimos. No nos importó pasarnos por encima ni pisarnos con rabia. Mientras tú ganabas cada vez más confianza en tus juegos sucios (aunque eficaces), yo perdía mi orgullo con cada una de tus miradas que rogaban… ¡Qué sé yo! Quise ser fuerte. Y mi autocontrol me ayudó a decir ‘No’, al mismo tiempo que lapidaba mi ímpetu con cada 'hasta la vista'. Quise poder y no pude. Tú me empujaste y yo caí (¡Claro que caí!). Pero el tiempo pasó, ¡Y anda que no llovió desde entonces!, la lluvia se encargó de borrar aquella última despedida en la que uno siente y el otro padece. Se fueron las ganas de extrañarte y me quedé con la peor (o mejor) foto de tu colección, la frágil: Aquella en la que tu boca sonríe pero tus ojos muestran una inmensa soledad y sinsentido.